Autobiografiction

June 28th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

(Gracias a Manuel Alberca por la información de este artículo)

Por más que Serge Doubrovsky ostente el título de padre oficial de la autoficción, es obvio que esta forma de escritura tiene unos precursores lejanos. A pesar de que la autobiografía como género diferenciado no adquiriera carta de naturaleza hasta la Ilustración, la relación entre lo ficticio y la inspiración autobiográfica es antigua y prolífica.

Si nos remontamos a la literatura renacentista, y sobre todo a la picaresca, es fácil advertir cómo la ficción ha servido de refugio a los impulsos por definir la identidad. Pero por supuesto, suele considerarse que la escritura autoficticia propiamente dicha sólo pudo nacer tras la revolución individualista que trajo el Romanticismo, y tras el ímpetu de transgresión genérica que aportó el Posmodernismo.

Por esto mismo, resulta sorprende descubrir que el escritor Stephen Reynolds (conocido sobre todo como autor de Poor Man’s House) publicó ya en 1906 un curioso artículo llamado “Autobiografiction” (disponible aquí).

En este breve artículo de nombre difícilmente pronunciable, Reynolds analiza el estado de las relaciones entre la ficción y lo autobiográfico señalando la reciente aparición de una nueva forma de escritura (la autobiograficción) que vendría a situarse a medio camino en la encrucijada de los géneros literarios. Su análisis de esta nueva forma de escritura (que considera menor a pesar de situar en él, curiosamente, las obras de Thoreau, De Quincey, Lamb y Rousseau) se centra en explicar sus diferencias con respecto a la novela autobiográfica convencional. Según su análisis, la autobiograficción es  la ficcionalización de las experiencias personales de carácter negativo y desesperado en busca de un bálsamo psicológico.

Then autobiografiction is a record of real spiritual experiences strung on a credible but more or less fictitious autobiographical narrative. And it reads very like, is closely related to, an essay. Lamb’s Dream Children is a beautiful short example. The longing for a wife and children was one of his spiritual experiences. To express it he records a fictitious fireside gathering of the wife and children he never had. As Ainger remarks: “The emotion in this essay is absolutely genuine; the blending of fact with fiction in the details is curiously arbitrary.” In other words, it is a piece of autobiografiction.

El profesor Max Saunders trajo a colación este curioso precedente de la autoficción contemporánea en un artículo del Times Literary Supplement (octubre, 3, 2008) cuya máxima virtud radica en no tratar el trabajo de Reynolds como un mero experimento aislado sino como un síntoma explícito del interés que se despertaría poco después en la literatura moderna por lo autobiográfico, lo psicológico y las experiencias espirituales (Proust, Joyce, Stein, Woolf…). Para Saunders, el artículo de Reynolds revela cómo el afán por ahondar en las experiencias vitales fue tendiendo, desde principios del siglo XX, hacia la expresión ficticia. La posmodernidad, por tanto, sólo habría culminado esta fusión entre lo ficticio y lo autobiográfico gracias a su descarada voluntad por transgredir los géneros literarios.

Si quiero he querido hablar aquí de la obra de Reynolds no es, desde luego, para enmendar la plana a Doubrovsky ni para negar su bien merecida paternidad del término “autoficción”. Se trata sólo de poner de relieve la fluctuación y lento desarrollo de las tendencias culturales, que nunca son tan novedosas como nos empeñamos en imaginar. Por más que la Posmodernidad sea un movimiento único, es absurdo negar que su semilla ya germinaba en el trabajo de los escritores de principios del siglo XX; por eso, a la lista aportada por Reynolds, cabe aportar, en el terreno español de figuras que promovieron una preocupación notable por plasmar su identidad literaria, los nombres de Unamuno, Gómez de la Serna, Azorín o Pérez de Ayala. Sin tener en cuenta su influencia, resultará difícil comprender el alcance la autoficción actual.

Un último apunte para los interesados en la autobiograficción: Max Saunders profundiza en esta gestación de la autobiografía ficticia moderna en una voluminosa obra reciente: Self-Impressión. Life-Writing, Autobiografiction, and the Forms of Modern Literature.

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Las máscaras del yo

June 4th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

Este año del 10 al 12 de septiembre, el programa de las Conversaciones Literarias de Formentor (recuperadas como revisión de las charlas que el hotel Formentor de Mallorca vio nacer bajo el impulso de Camilo José Cela, y que promovieron la creación de sus premios internacionales) gira en torno a autobiogragrías, biografías, diarios y blogs. Es curioso que la palabra “autoficción” no se haya incluido en el largo título (porque cuando se habla de “máscaras del yo”, se habla inevitablemente de narración autoficcional), pero su espíritu se deja sentir.

A estas alturas,  el auge de los blogs y de las manifestaciones personales en la cultura contemporánea resulta casi demasiado obvio como para que sea necesario ponerlo de relieve; pero en cualquier caso, el reconocimiento de este éxtito por parte de Formentor debe ser siempre bienvenido.

El objetivo de las Conversaciones, según los organizadores, es devolver el protagonismo que tenía la isla hace una cincuentena de años con las ‘Conversaciones Poéticas de Formentor’ y el ‘Coloquio Internacional de Novela’. Así, el evento busca ser un espacio en el que los participantes e invitados puedan intercambiar ideas y pensamientos con la literatura como principal protagonista.

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Peste de autoficción

March 11th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

En 1978, Carmen Martín Gaite confesó metaliterariamente en su novela El cuarto de atrás, que había sentido la necesidad de inventarse una nueva forma de narrar sus memorias porque la publicación de autobiografías en España se había convertido ya en una “peste” editorial.

—¿Y qué ha sido de ese proyecto?

—Se me enfrió, me lo enfriaron las memorias ajenas. Desde la muerte de Franco habrá notado cómo proliferan los libros de memorias, ya es una peste, en el fondo, eso es lo que me ha venido desanimando, pensar que, si a mí me aburren las memorias de los demás, por qué no le van a aburrir a los demás las mías.

—No lo escriba en plan de libro de memorias.

—Ya, ahí está la cuestión, estoy esperando a ver si se me ocurre una forma divertida de enhebrar los recuerdos.

Teniendo en cuenta que la mayoría de la gente llevamos una vida parecida, es lógico que nuestras autobiografías tengan todas un aire parecido. Especialmente porque este género literario suele ceñirse a una estructura bastante cerrada: repaso retrospectivo a la vida con énfasis en la infancia, la adolescencia, el descubrimiento del amor y el sexo, y la primera vocación literaria. Agotada de este modelo, Gaite decidió jugar a narrar sus recuerdos en el formato imaginario de una novela fantástica. Su experimento acabaría dando lugar a El cuarto de atrás, una autoficción pionera en España y que, hasta mucho más tarde, no llevaría esta etiqueta de género.

Teniendo en cuenta que la autoficción nació en parte como respuesta al agotamiento de la autobiografía, no deja de ser curioso que Luisgé Martín haya declarado sobre su última novela:

Hay episodios autobiográficos y sí que el personaje principal tiene algo que ver conmigo, aunque caricaturizado. Es el modelo de autoficción, que ahora es casi una peste, una novela biográfica pero plagada de falsedades.

A diferencia de la genial Gaite, no parece que el hecho de que la autoficción se haya convertido en una “peste” haya movido a Lusigé Martín a buscar nuevas formas de expresión personal. Pero a pesar de todo, su declaración no deja de tener cierto interés, porque pone de relieve el fastidio que ya empieza a provocar entre los escritores el modelo de la autoficción. Tal vez sería un buen momento para reinventar el género y dar una nueva vuelta de tuerca a la expresión biográfica, pero… ¿quién le pone el cascabel al gato?

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El descubrimiento de la tercera persona

March 5th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

La gran conquista de un escritor es la tercera persona, que supone explicar un mundo que no es el tuyo. Pero mi gran descubrimiento fue el reencuentro con una primera persona que en realidad no soy yo: es una máscara que esconde, pero que también revela mucho (Cita).

Es de sobra conocido que el éxito superventas de Soldados de Salamina le valió a Javier Cercas una mirada de desaprobación por parte de numerosos críticos y lectores, pero es de recibo agradecerle que ofreciera, cuanto menos, un enfoque diferente al manido tema de la Guerra Civil. Su aproximación al drama de la guerra a través del punto de vista de un escritor work in progress es la clave de todos los valores que contiene la novela: el uso de la metaficción no ya sólo como tema (también manido) sino como estructura que organiza el mundo de ficción.

Desde entonces (y desde antes, véase El móvil) las reflexiones sobre la experiencia de la escritura son una constante en la literatura de Cercas, pero también en sus discursos públicos y reseñas. Sin alaracas teóricas, Cercas explica su experiencia cotidiana con la ficción, su vivencia de la ficción desde el punto de vista del narrador en primera persona. Merece la pena pararse a leer estas sencillas reflexiones de Cercas, porque su insistencia en el mismo discurso e idénticos temas a lo largo del tiempo dice mucho sobre la sinceridad de sus palabras. Lejos de la impostura que suele acompañar a la narración autoficticia, donde el autor se fuerza a aparecer como estrabótico personaje, Cercas habla de su vivencia con notable sencillez. Es la voz de la experiencia diaria del enfrentamiento con la ficción.

Por fin, una máscara agradable.

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Memoria, compromiso y autoficción femeninas

February 24th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

Que las formas de escritura autobiográficas y autoficticias están de moda es un hecho avalado por la multitud de estudios y congresos que últimamente se están dedicando a este tema. La UNED se viene a sumar a los estudios sobre la literatura de la memoria a través de una charla (los días 1 y 2 de marzo) que abordará el papel que ocupa la rememoración biográfica en la literatura femenina actual.

Más información, aquí.

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Autoficción en Argentina

February 16th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

Atención investigadores: del 18 al 20 de agosto la Universidad de Rosario (Argentina) ofrece una nueva oportunidad para estudiar y discutir sobre el fenómeno de las escrituras del yo (una categoría algo difusa que engloba autobiografías, memorias, ensayos, epístolas, autoficciones y testimonios).

Fecha límite para el envío de resúmenes: 30 de mayo de 2010.

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Alterficción

February 10th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

Cuando Kirmen Uribe se convirtió en premio Nacional de Narrativa en octubre pasado, él mismo buscó hermanar su obra con la Sebald y  Vila-Matas, en cuanto que comparte su mismo interés por mezclar géneros y usarse a sí mismo como materia de ficción:

En la novela hay pasajes autobiográficos, cosas que me han pasado a mí realmente. Y también una crítica al memorialismo y a la imagen del autor. Sebald decía que ya se aburría con esos autores que se quedaban fuera de la novela y que construían marionetas. Él planteaba que el autor entrara como personaje y yo lo hago, pero ese Kirmen Uribe no soy yo, es otro Kirmen Uribe. En toda autobiografía hay ficción. La de Rousseau está llena de errores, él modificaba su vida para dar una imagen. ¿Cómo recuerda su vida una persona? ¿Qué imagen tenemos de nosotros mismos, cómo nos vemos y cómo nos ven los otros? Aparezco en las páginas pero no todo lo que cuento es verdad. Puede ser pero no es una verdad absoluta.

Bilbao-Nueva York-Bilbao aparecerá (se supone) en castellano hacia el mes de marzo. Entonces se podrá comprobar cómo ha aplicado Uribe la receta de la autoficción a su relato. Por ahora, nos contentamos con esta deliciosa entrevista.

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María y yo

February 9th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

Miguel Gallardo - María y yo

El cómic también puede ser un espacio para la autoficción, en este caso, para el relato de la convivencia entre padre (Miguel Gallardo) e hija (autista).

Un tipo de cómic que menos narrativo que ensayístico, es decir, con menos acción y más reflexión. Para lograr este efecto, las pequeñas viñetas dejan paso a grandes espacios, láminas impresas a sangre (como la de arriba) donde la ausencia de límites permite que el tiempo se eternice. Y donde además, las frases no son enunciadas por ningún personaje, sino que estos permanecen mudos y sólo la voz narradora (que también flota libre y sin ser enmarcada por ningún bocadillo) nos ofrece algunos pensamientos que apuntan a lo eterno.

Autoficción visual en estado puro.

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Trapiello: diarioficción

January 28th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

Miguel García Posada en el cultural del ABC del 9 de enero comentaba a cerca de la última publicación de Andrés Trapiello (que lleva el sugestivo nombre de Troppo Vero):

En el siglo XX, y al frente de los formalistas, el gran crítico Boris Tomachevski recusó esta concepción esencialista de los géneros, que no consideraba la evolución literaria y hacía abstracción de los sistemas que en cada época constituyen los géneros. Cada momento tenía sus propios géneros, y juzgarlos desde fuera o desde parámetros clasicistas era condenarse a no entenderlos. No se puede juzgar una obra desde un punto de vista abstracto. Decir que “Salón de pasos perdidos” es una novela es solo decir parte de la verdad. No se puede meter en el mismo saco la novela proustiana y la que arranca de Dostoievski. Para éste, los personajes son criaturas blancas, sin rostro definido, y los argumentos resultan fundamentales, mientras que en Proust las tramas son proyecciones del alma de los personajes.

Aunque la reseña en general peca de frivolizar la  distinción evidente entre realidad y ficción, acierta plenamente a la hora de señalar la volubilidad de los géneros literarios acorde a la evolución de los tiempos y a la variabilidad de las culturas. Desde luego, esta teoría cuenta ya con unos años, pues Jean-Marie Schaeffer ya expuso con notable acierto que los géneros literarios no tienen ninguna característica intrínseca o esencial, sino que son sólo etiquetas bajo las que incluir textos más o menos parecidos y que pueden variar bastante a lo largo del tiempo. Es decir, que no hay nada que sea “novela” o “diario” per se, sino sólo un montón de textos a los que podemos llamar de una manera u otra. De este modo, son los lectores quienes, a lo largo de la historia, deciden que un relato mitológico ya no pertenece al género de la “Historia” sino al de la “poesía”, por ejemplo. O deciden que un diario empieza a parecerse más a la novela que a cualquier otra cosa.

Trapiello

Trapiello

personajes «reales», como si la rea-
tas era condenarse a no entender-
lidad fuera algo tan perfectamente
los. No se puede juzgar una obra
TROPPO VERO
definido y fueran claros los límites
desde un punto de vista abstracto.
ANDRES TRAPIELLO
entre ella y la invención. Lo que con-
Decir que Salón de pasos perdidos
PRE-TEXTOS. VALENCIA, 2009
vierte a Salón en una verdadera no-
es una novela es solo decir parte de
796 PáGINAS, 35 EUROS
vela es la palpitación de la vida, su
la verdad. No se puede meter en el
Sin intentarlo siquiera, hemos
ilimitada apertura a lo existente. La
mismo saco la novela proustiana y
procedido a una rectificación del
tesis croceana del unitarismo antro-
la que arranca de Dostoievski. Para
tema de la adscripción genérica de
miguel garcía-posada
Ve la luz el volumen dieciséis de Sa-                                                                                                pológico hace inútil toda tentativa
éste, los personajes son criaturas
«la novela de Trapiello». El autor la
lón de pasos perdidos, la ambiciosa                                                                                                  de Historia literaria. Pero, ustedes
blancas, sin rostro definido, y los ar-
resuelve desde el comienzo, al ca-
novela en la que Andrés Trapiello                                                                                                    lo verán, los aristotélicos y crocea-
gumentos resultan fundamentales,
lificar valientemente su obra como
mEmORIA VIVA.
(Manzaneda de Torío, León, 1953)                                                                                                     nos ganarán sin duda también esta
mientras que en Proust las tramas
novela y, aún más, al calificarla al
SU INFANCIA
lleva trabajando desde 1987. Vemos                                                                                                   batalla.
son proyecciones del alma de los
modo anglosajón de una novela
EN LEóN y SUS
a Trapiello incurso de nuevo en el                                                           personajes.
en marcha (work in progress). El
PASEOS, HOy,
arduo problema de la contracultu-                                                               Salón de pasos perdidos es una
problema, o el seudoproblema, lo
POR EL RASTRO
ra española; a veces estamos de                                                              novela verdadera, que pretende
plantearon ya los teóricos neoaris-
MADRILEñO
acuerdo con él, como sucede con su                                                           aprehender la palpitante realidad de
totélicos del siglo XVI, al rechazar
(ARRIBA) NUTREN
tratamiento de la «cuestión Cela»,                                                           la vida, para lo que no se cierra en
de sus esquemas cuanto no enca-
LAS PáGINAS DE
o entramos en franca discordancia,                                                           el inventario de personajes ni en la
jara en los moldes de la preceptiva
ANDRéS TRAPIELLO
que es a lo que nos lleva su análisis                                                        identidad de éstos. De ahí el recur-
clasicista. En su nombre se acusó al
del fenómeno de la poesía de Hie-                                                            so al diario, que no tapona ningún
mismo Góngora de haber cambia-
rro. En ambos casos, y en otros que                                                          sector a la realidad, sino que lo am-
do los modos (lírica y épica) y se
podrían aducirse, persiste el mismo                                                          plifica y ensancha. Es una objeción
descalificó a una buena parte de la
tratamiento estilístico: una finísima                                                        trivial afirmar que Salón se nutre de
creación coetánea. ¿Cómo codificar
ironía que diluye los perfiles más                     la Comedia española? ¿Qué hacer
agrios de la realidad, pero sin des-                   con El Quijote?
figurarla nunca.

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Americana

January 12th, 2010 by Susana Aún sin comentarios »

En mi peliculita casera, en eso que estoy haciendo ahora, yo no he reducido el valor del lenguaje en absoluto. De hecho, lo he reforzado. Lo que he reducido es el movimiento, o esa clase de movimiento que nos cuenta una historia o crea una armonía. Quiero que el lenguaje evolucione desde formas estáticas. La película es una suerte de subespecie del underground. Lo que estoy rodando ahora no es más que un pequeño segmento de algo que terminará por incluir temas más generales: funerales, atascos de tráfico, muebles, sucesos reales, mujeres, puertas, ventanas. Autoficción. Actores, gente encarnándose a sí misma, versos de poesía. (Don DeLillo, Americana, Circe, Barcelona, 1999, p. 311.)

De Americana, una de las obras más conocidas del controvertido DeLillo, se ha destacado su turbulento retrato de la sociedad americana, de la Guerra de Vietnam y  de los pioneros empresariales que fundaron el sueño americano. Pero tal vez no se ha hecho hincapié en uno de los aspectos más admirables de la novela: que, sin ser en absoluto una autoficción, narra con detalle el proceso que lleva a un hombre perdido a recrear su pasado de forma autoficticia. David Bell, el americano errante, emprende un viaje hacia el lejano Oeste, y hacia dentro de su propia conciencia, que le llevará a obsesionarse por grabar una película donde una serie de actores encarnarán versiones cada vez más alteradas de sus familiares y de sí mismo.

Don Delillo por Joyce Ravid

Don DeLillo por Joyce Ravid

Según David Bell, la auténtica obra no está en los escenarios, sino que somos nosotros mismos. Por eso este melancólico personaje no hace películas al uso, sino que sencillamente graba entrevistas o monólogos a modo de documental. Eso hasta que comprende que, para recrear su propio pasado (a sus padres, a sus amantes y su fracasada vida sentimental), necesita recurrir a la ficcionalización del recuerdo.

Ahora estaba comenzando a complicarme: no me limitaba a rebuscar en el pasado y a cambiarle ligeramente el color, sino que entremezclaba los distintos pasados para finalmente obtener la película de una película, al menos en parte. Terriblemente complicado. Pero los actores no hicieron preguntas. (Ibid, p. 325.)

Americana es, en este sentido tal vez poco evidente, una lección magistral sobre qué es la autoficción y cuáles son los oscuros motivos que radican tras ella.

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