Miguel García Posada en el cultural del ABC del 9 de enero comentaba a cerca de la última publicación de Andrés Trapiello (que lleva el sugestivo nombre de Troppo Vero):
En el siglo XX, y al frente de los formalistas, el gran crítico Boris Tomachevski recusó esta concepción esencialista de los géneros, que no consideraba la evolución literaria y hacía abstracción de los sistemas que en cada época constituyen los géneros. Cada momento tenía sus propios géneros, y juzgarlos desde fuera o desde parámetros clasicistas era condenarse a no entenderlos. No se puede juzgar una obra desde un punto de vista abstracto. Decir que “Salón de pasos perdidos” es una novela es solo decir parte de la verdad. No se puede meter en el mismo saco la novela proustiana y la que arranca de Dostoievski. Para éste, los personajes son criaturas blancas, sin rostro definido, y los argumentos resultan fundamentales, mientras que en Proust las tramas son proyecciones del alma de los personajes.
Aunque la reseña en general peca de frivolizar la distinción evidente entre realidad y ficción, acierta plenamente a la hora de señalar la volubilidad de los géneros literarios acorde a la evolución de los tiempos y a la variabilidad de las culturas. Desde luego, esta teoría cuenta ya con unos años, pues Jean-Marie Schaeffer ya expuso con notable acierto que los géneros literarios no tienen ninguna característica intrínseca o esencial, sino que son sólo etiquetas bajo las que incluir textos más o menos parecidos y que pueden variar bastante a lo largo del tiempo. Es decir, que no hay nada que sea “novela” o “diario” per se, sino sólo un montón de textos a los que podemos llamar de una manera u otra. De este modo, son los lectores quienes, a lo largo de la historia, deciden que un relato mitológico ya no pertenece al género de la “Historia” sino al de la “poesía”, por ejemplo. O deciden que un diario empieza a parecerse más a la novela que a cualquier otra cosa.
tas era condenarse a no entender-
lidad fuera algo tan perfectamente
los. No se puede juzgar una obra
TROPPO VERO
definido y fueran claros los límites
desde un punto de vista abstracto.
ANDRES TRAPIELLO
entre ella y la invención. Lo que con-
Decir que Salón de pasos perdidos
PRE-TEXTOS. VALENCIA, 2009
vierte a Salón en una verdadera no-
es una novela es solo decir parte de
796 PáGINAS, 35 EUROS
vela es la palpitación de la vida, su
la verdad. No se puede meter en el
Sin intentarlo siquiera, hemos
ilimitada apertura a lo existente. La
mismo saco la novela proustiana y
procedido a una rectificación del
tesis croceana del unitarismo antro-
la que arranca de Dostoievski. Para
tema de la adscripción genérica de
miguel garcía-posada
Ve la luz el volumen dieciséis de Sa- pológico hace inútil toda tentativa
éste, los personajes son criaturas
«la novela de Trapiello». El autor la
lón de pasos perdidos, la ambiciosa de Historia literaria. Pero, ustedes
blancas, sin rostro definido, y los ar-
resuelve desde el comienzo, al ca-
novela en la que Andrés Trapiello lo verán, los aristotélicos y crocea-
gumentos resultan fundamentales,
lificar valientemente su obra como
mEmORIA VIVA.
(Manzaneda de Torío, León, 1953) nos ganarán sin duda también esta
mientras que en Proust las tramas
novela y, aún más, al calificarla al
SU INFANCIA
lleva trabajando desde 1987. Vemos batalla.
son proyecciones del alma de los
modo anglosajón de una novela
EN LEóN y SUS
a Trapiello incurso de nuevo en el personajes.
en marcha (work in progress). El
PASEOS, HOy,
arduo problema de la contracultu- Salón de pasos perdidos es una
problema, o el seudoproblema, lo
POR EL RASTRO
ra española; a veces estamos de novela verdadera, que pretende
plantearon ya los teóricos neoaris-
MADRILEñO
acuerdo con él, como sucede con su aprehender la palpitante realidad de
totélicos del siglo XVI, al rechazar
(ARRIBA) NUTREN
tratamiento de la «cuestión Cela», la vida, para lo que no se cierra en
de sus esquemas cuanto no enca-
LAS PáGINAS DE
o entramos en franca discordancia, el inventario de personajes ni en la
jara en los moldes de la preceptiva
ANDRéS TRAPIELLO
que es a lo que nos lleva su análisis identidad de éstos. De ahí el recur-
clasicista. En su nombre se acusó al
del fenómeno de la poesía de Hie- so al diario, que no tapona ningún
mismo Góngora de haber cambia-
rro. En ambos casos, y en otros que sector a la realidad, sino que lo am-
do los modos (lírica y épica) y se
podrían aducirse, persiste el mismo plifica y ensancha. Es una objeción
descalificó a una buena parte de la
tratamiento estilístico: una finísima trivial afirmar que Salón se nutre de
creación coetánea. ¿Cómo codificar
ironía que diluye los perfiles más la Comedia española? ¿Qué hacer
agrios de la realidad, pero sin des- con El Quijote?
figurarla nunca.


