El cómic también puede ser un espacio para la autoficción, en este caso, para el relato de la convivencia entre padre (Miguel Gallardo) e hija (autista).
Un tipo de cómic que menos narrativo que ensayístico, es decir, con menos acción y más reflexión. Para lograr este efecto, las pequeñas viñetas dejan paso a grandes espacios, láminas impresas a sangre (como la de arriba) donde la ausencia de límites permite que el tiempo se eternice. Y donde además, las frases no son enunciadas por ningún personaje, sino que estos permanecen mudos y sólo la voz narradora (que también flota libre y sin ser enmarcada por ningún bocadillo) nos ofrece algunos pensamientos que apuntan a lo eterno.
Autoficción visual en estado puro.
