Vila-Matas

¿Viaje o literatura? Entrevista anticipatoria con Enrique Vila-Matas

Extracto de la entrevista de Susana Arroyo y Javier Fernández publicada íntegramente en la revista Cartaphilus, 3 (2008) y que se puede consultar en línea aquí

Por motivos pretendidamente literarios, siempre tendemos a obviar el propósito del viaje en virtud de su camino o la experiencia de realizarlo. En mi caso sucedió exactamente al contrario. El objetivo, si es que tenía uno, era viajar desde Barcelona, ciudad donde reside el escritor Enrique Vila-Matas (y desde hace casi dos años el que estas líneas suscribe) a Murcia, para conocerlo personalmente en una charla-coloquio organizada por José María Pozuelo.

Este absurdo viaje vertical tenía una parada técnica o escala en Madrid para recoger a la indómita filóloga Susana Arroyo: voz narrativa para un imprescindible contrapunto en hipotéticas entrevistas, y compañera infatigable de viajes y aventuras literarias.

Quedamos en la estación Sur de autobuses, y precisamente al sur de los párpados, mientras termino de leer París no se acaba nunca, encuentro la siguiente pregunta: “¿Soy conferencia o novela?”. Esto se lo pregunta el narrador de la novela, ¿pero qué respondería el escritor? No pude evitar imaginarme una presumible respuesta de Enrique Vila-Matas a la cuestión de la hibridación de géneros en su literatura.

Ahora conferencia no soy, tampoco novela. ¿Soy entrevista? ¿O será mejor decir que soy entrevisto?

Un empujón me saca súbitamente del ensueño. Susana se ha colado entre el barullo de la estación y me está tirando del brazo mientras acarrea nuestros dos equipajes.

—Corre, Javier, que perdemos el autobús a Murcia y no llegamos al coloquio. Deja el libro un rato y reacciona, que un par de detectives salvajes de la literatura como nosotros no sólo deben leer compulsivamente, sino vivir compulsivamente. Vida y literatura como un todo. ¿O qué crees que diría Enrique Vila-Matas sobre el tópico de que la escritura es una negación de la vida? ¿Sobre esa idea de que los escritores plasman lo que no viven?

De la relación entre la escritura y la vida es algo de lo que comenzó a hablarse desde el mismo momento en que empezó a existir la literatura. Se habló de esto instantáneamente. Y sin embargo es una relación que no tiene ningún sentido. Piglia dice que de todos modos la escritura tiene una ventaja sobre la vida, porque en la escritura se pueden hacer borradores. Todos hemos pensado alguna vez qué hubiera pasado si nos hubiésemos acercado a esa mujer de otra manera, si hubiésemos hecho un gesto que no hicimos… Pensamos en haber vivido lo que se vivió como si fuese un borrador, algo que puede ser transformado. La escritura es el lugar donde los borradores de la vida son posibles, tal vez por eso se hace literatura.

Ya que no se acaba nunca y sin ser reiterativos, Susana y yo volvemos al tema de París una vez situados en la cola de entrada al autobús. Entre carcajadas de camaradería, recordamos que nosotros también vivimos en la ville de la lumière, en una residencia de estudiantes a medio camino entre una cárcel y un circo (y hablamos de una distancia física, no sólo metafórica). Huelga decir —y no por coherencia narrativa— que fue Susana quien me descubrió a Vila-Matas, al prestarme un ejemplar de Bartleby y Compañía. Todavía hoy me pregunto si fue un gesto desinteresado o una cariñosa puya a aquella pose mía de joven-escritor-que-no-escribe, donde en realidad era más importante mi máscara o personaje que el incoherente diario que por aquellas fechas desarrollaba.

Pienso en Vila-Matas y las máscaras, los espejos en los que se escuda el narrador de sus novelas. Recuerdo la lectura de Impostura o de Extraña forma de vida y tras este impertinente ripio —lectura, impostura— imagino cómo preguntarle, cuando lo tenga delante, hasta qué punto la ironía le permite distanciarse de esta vieja imagen; o si en el fondo, como «fingidor fingido» añora tanto aquellos años de joven escritor que por eso decidió dedicarle toda una novela.

Me escondo detrás de muchas máscaras, tantas como libros he escrito. Pero es que, por muy paradójico que parezca, al enmascararme tanto, no he hecho más que construirme una personalidad de muy diversas caras y mucho más sólida –o mejor dicho más acoplada a la verdad- que la de alguien que, por ejemplo, es sólo una persona y dispone por tanto de una sola máscara (de la que yo pienso que siempre hay que desconfiar). Todos tenemos muchos aspectos distintos a lo largo de un solo día. Esa es una de las riquezas del ser humano. Me gusta que el poeta desesperado que hay en mí y que algunos amigos conocen en profundidad pueda convivir perfectamente, por ejemplo, con el señor corriente que soy a veces y que va al fútbol y grita como un condenado si su equipo marca un gol. Soy tanto el elegante poeta desesperado a lo lord Byron como el vulgar hincha futbolístico que come cacahuetes. Soy los dos. Y muchos más, muchos más. Acúdase a uno de mis mejores libros, Una casa para siempre, donde un ventrílocuo vive el drama de tener muchos muñecos, pero una sola voz –la propia- para todos ellos. He huido siempre de tener un solo registro de voz. Y creo que en lo que acabo de decir está explicada toda la tramoya de mi obra. Claro que eso que acabo de decir lo ha dicho uno de los personajes que yo soy, es decir, el que habla con vosotros ahora. Habría que preguntar a los otros, pero hoy están de vacaciones.

—Insoportable, chico, verdaderamente insoportable —me dice Susana cuando trato de adecuar mi pasado al del escritor y parecerme a Vila-Matas como él trataba de hacer con Hemingway en París—. Lo tuyo era otra cosa. Lo que en Enrique Vila-Matas eran «veleidades literarias» que reescribe más tarde con ironía, en tu caso eran palpables «vanidades literarias» o directamente un burdo y gastado truco para ligar con ingenuas parisinas.

Touché. Posiblemente la importancia radique en el estilo (o en mi total ausencia de). ¿Hasta qué punto prevalece el estilo en su literatura sobre la anécdota o la fábula?

Se habla de que hay un estilo inconfundiblemente vilamatiano, y yo creo que por algo será, ¿no? No hace mucho, Margarita Heredia, compiladora de “Vila-Matas portátil” (en editorial Candaya), dijo que yo vivía dentro de mi propia narrativa. Es posible que así sea y, si así es, no me parece mal, pues la verdad es que vivo muy cómodo con este estilo.

La entrevista continúa en la versión completa que se puede consultar aquí

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