Crítica genética y autoficción
Entrevista con Isabelle Grell
(Mulhouse, 9 marzo 2008. Más abajo, se transcribe la entrevista original en francés.)
Isabelle Grell es responsable del grupo francés de investigación «Autofiction» en el ITEM (Instituto de Textos y Manuscritos Modernos) / ENS (Escuela Normal Superior) / CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica). El grupo, constituido también por los investigadores Arnaud Genon, Philippe Weigel y Elizabeth Molkou, trabaja sobre los dossieres genéticos (manuscritos, dactilografías, correcciones…) del texto Fils de Serge Doubrovsky.
P: Isabelle, la crítica genética es una corriente poco conocida en España. ¿Podría explicarnos brevemente en qué consiste?
R: El objeto de estudio de la crítica genética lo compone ante todo eso que llamamos el «dossier genético», como los manuscritos de trabajo de escritores, pero esta aproximación también es de gran interés en lo que se concierne a pintores (por ejemplo, Da Vinci), compositores (por ejemplo, Haydn), investigadores (los cuadernos de notas de los Curie), e incluso los cuadernos de alumnos.
El manuscrito se estudia en tanto que soporte material, espacio de inscripción y lugar de memoria de las obras in statu nascendi, desde los primeros esbozos, los primeros borradores, los primeros planes hasta el libro publicado (o dejado en suspenso). Lo que nos interesa es arrojar luz sobre eso que algunos llaman el work in progress; es decir, capturar las obras en el instante mismo de su nacimiento para poder comprenderlas aún mejor. La pregunta que nos hacemos antes que ninguna otra es: ¿La escritura corresponde a una «redacción estructurada», insubordinada a toda programación inicial, a todo plan precursor (Serge Doubrovsky)? ¿O corresponde a una «programación guiada», en la que la escritura está precedida por un minucioso trabajo de concepción preliminar, como planes, guiones, notas, bocetos o búsqueda de documentos (Flaubert)?
Después, es necesario ir desvelando las diversas fases de escritura (endogénesis): la fase de prerredacción (concepción, búsqueda de un tema, inicios errados, creación de un guión), la fase de redacción (ejecución propiamente dicha: borradores, puestas en limpio corregidas), la fase preeditorial (últimos retoques, preparación de la edición impresa, pruebas de corrección…), la fase editorial y, a veces aun, una fase posteditorial (remodelaciones para una segunda edición, algo en lo que Balzac era especialmente temible).
Se estudian no sólo los diversos estados, los diversos avances y regresiones de un texto en desarrollo, los diversos cambios (supresiones, añadidos, sustituciones, desplazamientos, transferencias, correcciones léxicas o estilísticas), sino también el soporte material (papeles cuyas diferencias atestiguan diversos estados de escritura, filigranas) y los útiles de escritura (plumas, tintas, uso de colores). Todo debe tenerse en consideración, incluso el espacio gráfico (¿la página está estructurada o no? ¿Cuál es la estructura?). ¿El escritor deja márgenes para tener la posibilidad de hacer añadidos en un segundo momento de escritura? El interlineado también tiene importancia: ¿el escritor puede hacer correcciones en el interlineado o debe volver a empezar un folio hasta el punto en que desee corregir su texto? El espacio escrito puede presentar índices de relleno muy variables. En este sentido, se toma en cuenta el tipo de escritura (grande, pequeña), el índice de tachones y reescritura, el tamaño de los márgenes…
También hay que tener en cuenta los elementos exogenéticos, que engloban los documentos ajenos a la escritura tal cual (qué suceso a sido retomado (por ejemplo, las hermanas Papon para Les Bonnes de Jean Gennet), qué discusión que el escritor tuvo, qué lugar visitado se encuentra en el texto, qué intertextos se convierten en hipotextos de la obra en construcción…).
Por decirlo más breve, ver los bastidores, el taller de escritura, el laboratorio interior, permiten al investigador hacer de los textos originales un objeto de conocimiento sobre la obra publicada, esclarecer de una manera diferida un texto conocido por el lector, enriquecer la comprensión a través del descubrimiento de las variaciones que han construido el libro que ahora tenemos en las manos.
P: ¿Puede la crítica genética ayudar a esclarecer los problemas teóricos que plantea la autoficción?
R: Eso es lo que nuestro equipo está tratando de esclarecer. En el caso de Serge Doubrovsky, por ejemplo, sus primeros escritos parecen estar redactados al estilo de las memorias tradicionales (Rousseau) pero poco a poco se va metiendo en un texto que ya no puede identificarse con una simple autobiografía. Serge Doubrosky, que redacta sus textos con máquina de escribir, encuentra a lo largo del proceso de escritura un ritmo, una invención de la escritura que es la autoficción.
P: Según usted, ¿logró Serge Doubrovsky crear el monstruo literario del que habla en Fils?
R: Es una pregunta muy vasta. Demasiado para responderla en unas pocas líneas. Haría falta un libro entero para ilustrar que sí, que Serge Doubrovsky logró crear(se) en cuanto que monstruo literario, pero sólo si entendemos el término de «monstruo» en su sentido etimológico: el «monstruo» existe para «mostrar» (demonstrare), para fustigar los pecados de la mayoría y, por contraste, poner de relieve la excelencia de la élite (los héroes, vaya), pero también es la materialización de un peligro que puede ser tanto moral como físico.

Doubrovsky
(Todos los derechos de la foto son de I.Grell®)
P: ¿Cree usted que la autoficción puede ser definida como un género literario independiente, apartado de la novela y la autobiografía?
R: La autoficción forma parte de la familia de las novelas del YO. Es una de sus formas especiales.
P: ¿Podría explicarnos como nació el grupo «Autofiction»?
R: Serge Doubrovsky me había confiado cinco cajas y una maleta que contenían unos cinco mil folios, testigos de estratos de escritura extremadamente heterogéneos. Después de leer, seleccionar, clasificar los diversos originales (la mayoría dactilografiados), me quedó claro que yo no podía llevar a cabo el trabajo de reconstrucción sola. Lancé entonces una llamada de colaboración y fue así como el equipo se construyó en el seno del ITEM (Instituto de Textos y Manuscritos Modernos) / ENS (Escuela Normal Superior) / CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica).
P: ¿Por qué decidió usted consagrarse al estudio de la obra de Serge Doubrovsky?
R: Fils es la primera autoficción declarada como tal. Era pues evidente que había que comenzar por esta obra.
P: Hasta ahora, ustedes han trabajado con los manuscritos de Fils (llamado también Le Monstre). Pero una vez que terminen su tarea, ¿tienen pensado trabajar de nuevo con otros manuscritos?
R: Por supuesto. Tenemos todavía uno o dos años delante de nosotros para crear un sito web y un CD-ROM que querríamos poner a la disposición de todas las personas interesadas.
Después, decidiremos juntos sobre qué corpus de textos nos inclinaremos.
P: Es usted responsable del coloquio sobre la autoficción que tendrá lugar en la ciudad francesa de Cerisy a finales del mes de julio de 2008. ¿Puede contarnos algo al respecto?
R: Este coloquio corre el riesgo de volverse muy intenso, pues en él diferentes inteligencias frotarán sus cabezas las unas contra las otras y discutirán sobre el espinoso problema de la autoficción. Claude Burgelin y yo confiamos en que después de los diez días de coloquio, si no nos hemos podido poner de acuerdo en una definición unánime de la autoficción, podamos al menos ofrecer una publicación de referencia sobre el asunto.
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A continuación, transcribimos la entrevista original en francés:
Isabelle Grell est responsable du groupe « Autofiction » à l’ITEM (Institut des textes et manuscrits modernes), ENS, CNRS, où elle travaille avec son équipe constituée d’Arnaud Genon, Philippe Weigel et Elizabeth Molkou, sur le dossier génétique (manuscrits, dactylographies, corrections…) de Fils de Serge Doubrovsky.
Q : Isabelle, la critique génétique n’est pas très répandue en Espagne. Est-ce que vous pourriez nous expliquer brièvement en quoi elle consiste ?
R : L’objet de la critique génétique est avant tout ce qu’on nomme le « dossier génétique », donc les manuscrits de travail d’écrivains, mais cette approche est aussi de grand intérêt concernant des peintres (p. ex. Da Vinci), des compositeurs (p.ex. Haydn), des chercheurs (carnets des Curie), voire, des cahiers d’élèves.
Le manuscrit est étudié en tant que support matériel, espace d’inscription et lieu de mémoire des œuvres in statu nascendi, des premières esquisses, des premiers brouillons, des premiers plans au livre publié (ou laissé en plan). Ce qui nous intéresse, c’est de mettre en lumière ce qu’on appelle le work in progress. De saisir au vol les ouvrages à l’état naissant pour mieux les comprendre. Les questions qu’on se pose sont tout d’abord : L’écriture est-elle à « structuration rédactionnelle », réfractaire à toute programmation initiale, à tout plan avant-coureur (Serge Doubrovsky) ou est-elle à « programmation scénarique », faisant donc précéder l’écriture par un travail de conception minutieuse préliminaire, sous forme de plans, scénarios, notes, ébauches, recherches documentaires (Flaubert).
Il est ensuite nécessaire de déceler les différentes phases d’écriture (endogenèse), la phase pré-rédactionnelle (conception, recherche d’un thème, faux départs, scénarisation), la phase rédactionnelle (l’exécution proprement dite : brouillons, mises au net corrigées), la phase pré-éditoriale (finition, préparation de l’édition imprimée, épreuves à corriger…), la phase éditoriale et parfois même une phase post-éditoriale (remaniements lors d’une seconde édition, l’écrivain le plus terrible de ce point de vue étant Balzac)
Sont étudiés non seulement les diverses strates, les divers avancements ou régressions d’un texte en devenir, les divers remaniements (suppressions, ajouts, substitutions, déplacements, transferts, corrections lexicales ou stylistiques) mais aussi le support matériel (différents papiers témoignant de diverses strates d’écriture, les filigranes) et les « outils de scription (stylos, encres, emploi de couleurs. Tout doit être pris en considération, même l’espace graphique (la page est-elle structurée ou non ? Qu’est-ce qui la structure ?) L’écrivain a-t-il besoin de marges pour s’offrir la possibilité de faire des ajouts conséquents dans un deuxième moment d’écriture ? L’interligne aussi a son importance : le scripteur peut-il faire des corrections interlinéaires ou doit-il recommencer son feuillet lorsqu’il souhaite corriger son texte ? L’espace écrit peut présenter des taux de remplissage fort variables. Comptent ici le type d’écriture (grande, petite), le taux des ratures et réécritures, la dimension des marges…
Il faut aussi pendre en compte les éléments exogénétiques qui englobent les documentations étrangères à l’écriture en tant que telle (quel fait divers a été repris (par exemple les sœurs Papon pour LES BONNES de Jean Genet), quelle discussion que l’écrivain a eue, quel lieu visité se retrouve dans le texte, quels intertextes deviennent les hypotextes de l’œuvre en devenir, …).
Pour le dire rapidement, voir les coulisses, l’atelier d’écriture, le laboratoire intérieur, permet au chercheur de faire des avant-textes un objet de connaissance de l’œuvre publiée, d’éclairer d’une manière différée un texte connu par le lecteur, d’en enrichir la compréhension par la découverte des variantes qui ont conduit à construire le livre qu’on tient entre les mains.
Q : Est-ce que la critique génétique peut aider à mettre en lumière les problèmes théoriques que soulève l’autofiction ?
R : C’est ce que notre équipe tente de mettre à la lumière. Dans le cas de Serge Doubrovsky, p.ex., la première écriture se trouve être rédigée à la manière des mémoires classiques (Rousseau) et se meut peu à peu en un texte qu’on ne peut plus identifier à une simple autobiographie. Serge Doubrovsky qui tape ses textes à la machine à écrire trouve au cours de l’écriture un rythme, une invention de l’écriture qui est un élément stylistique de l’autofiction.
Q : Selon vous, est-ce que Serge Doubrovsky a réussi à créer le monstre littéraire dont il parlait en Fils ?
R : Question vaste. Trop vaste pour en parler en quelques phrases, il faudrait un livre pour illustrer que oui, Serge Doubrovsky a réussi à (se) créer en temps que monstre littéraire, si l’on veut comprendre le terme de monstre dans son étymologie : le “monstre” existe pour “montrer” (demonstrare), pour fustiger les péchés de la plupart et, par contraste, révéler l’excellence des élites (les héros, quoi), mais il est aussi la matérialisation d’un danger qui peut-être autant moral que physique.
Q : D’après vous, est-ce que l’autofiction peut être définie comme un genre littéraire indépendant, à l’écart du roman et de l’autobiographie ?
R : L’autofiction fait partie de la famille des romans du JE. Il en est une forme spéciale.
Q : Pouvez-vous nous expliquer comment est née le groupe « Autofiction » ?
R : Serge Doubrovsky m’avait confié les 5 caisses et une valise contenant environ 5000 feuillets témoignant de strates d’écritures hétérogénissimes. Apres avoir lu, trié, classé les divers avant-textes pour la plupart dactylographiés, il était clair que je ne pouvais faire ce travail de reconstruction toute seule. J’ai donc lancé un appel et ainsi l’équipe s’est construite au sein de l’ITEM/ENS/CNRS.
Q : Pourquoi avez-vous décidé de vous consacrer à l’étude de Serge Doubrovsky ?
R : FILS est la première Autofiction déclarée comme telle. Il était donc évident de commencer par cette œuvre-là.
Q : Jusqu’à présent, vous avez travaillez avec les manuscrits de Fils (aussi appelé Le Monstre). Mais une fois finie votre tâche, envisagez-vous travailler avec d’autres manuscrits ?
R : Bien évidemment. Nous avons encore un à deux ans devant nous pour créer ce site et le CD-ROM que nous voudrions mettre à la disposition de toutes personnes intéressées.
Voir http://www.everyoneweb.com/doubrovskymanuscrit.com/
Ensuite nous déciderons ensemble sur quel corpus nous allons nous pencher.
Q : Vous êtes la responsable du colloque sur l’autofiction qui aura lieu à Cerisy pendant la fin du mois de Juillet 2008. Pouvez-vous nous en parler ?
R : Ce colloque risque de devenir fort vivant car différentes intelligences vont frotter leurs têtes les une contre les autres, vont discuter de cette problématique épineuse qu’est l’autofiction. Claude Burgelin et moi espérons qu’après les dix jours, si non nous aurons pu nous mettre d’accord sur une définition unanime de l’autofiction, nous pourrons au moins offrir une publication de référence sur la question.